miércoles, 19 de abril de 2017

El fuego de la memoria

Por muchas causas, yo he tenido que huir de mi país y vivir en otro. Ha sido largo mi viaje por todos los paíes en los que he estado y todavía me esperan más aventuras por vivir en mi camino. 

Al principio, me parecía muy difícil convivir con las nuevas condiciones de vida, pero a pesar de todo, lo más importante de los momentos difíciles es madurarse, y darse cuenta de que la vida está llena de dificultades. Pienso así, porque los jóvenes tendemos a pensar que la vida es perder el tiempo, jugar y pasarlo bien, mientras es una cosa totalmente diferente. Eso sí, no hay que ser todo el tiempo serio, sino que se puede pasarlo bien pero con límites. 

Como todas las personnas que viven fuera de su país, a veces me encariño y me entran ganas de visitar a mi país y a mis amigos. Lo que más me vuelve cariñoso son los medios de comunicación por los cuales hablo con mis amigos, veo sus fotos, etc. Cada vez que veo las fotos de mis compañeros de clase en las redes sociales me late más rápido el corazón. Ese sentimiento al ver que mis compañeros siguen allí, y recordar todas las risas, las conversaciones, los exámenes, las clases y todo lo que hacíamos para divertirnos, es irresistible. Pero aún hay más recuerdos que yo destaco por haber formado una parte importante de mi juventud. Sin embargo uno de estos recuerdos es el día de recibir mis notas del primer año.

Era un día duro en todos los sentidos; acabábamos de volver de un viaje de la familia, del que se suponía que íbamos a disfrutar después de haberse acabado los exámenes finales. Un viaje en el que todo el mundo lo pasó bien, menos yo. En cada minuto me preguntaba: ¿voy a abrobar?. Ésta fue la primera causa por la que me sentía como un inútil. Mis padres me querían comprar un regalo, y yo reaccioné diciendo que no, por sentir que no me lo merecía. Después de un largo viaje, llegó el día. Mi corazón estaba latiendo a mil, esperando a que llegara la hora, y por fin, llegué a mi instituto y me entregaron las notas. Saber que había aprobado fue un alivio para mí. En cambio, mis padres estaban enfadados, porque las notas no les parecieron satisfactorias. Era un tiempo muy difícil, pero al fin y al cabo, todo se acabó, y empezó un nuevo rollo, y así sucesivamente. 

Todos estos recuerdos nos hacen pensar de nuevo en lo que podríamos haber hecho. Nos conducen a un mundo totalmente distinto en el que nos gozamos de todos estos eventos, tanto buenos como malos, siendo unos sentimientos transmitidos que a su vez, nos hacen entender que nunca se volverán a repetir esos momentos importantes en nuestra vida. 



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